Bucaramanga. El EMAFEST 2025 encendió su fin de semana musical con una velada que vibró al ritmo de la autenticidad. En una noche cargada de energía y memoria colectiva, el escenario se convirtió en punto de encuentro para dos propuestas que, desde lenguajes distintos, estremecieron al público: el sonido potente de Familia Zoeh y los ritmos afrocaribeños de Enkelé.
Desde los primeros acordes, la conexión con el público fue inmediata. “El festival se siente con cada canto y cada nota”, repetían asistentes entre aplausos y danzas espontáneas. Las agrupaciones no solo ofrecieron música: tejieron un relato sonoro que evocó raíces, territorios y caminos compartidos. Percusiones vivas, armonías profundas y una puesta en escena vibrante marcaron una noche donde lo tradicional y lo contemporáneo se abrazaron sin reservas.
La presentación doble no solo inauguró con altura la programación del fin de semana, también dejó una huella imborrable. Cada interpretación fue un homenaje a quienes, desde la creación artística, abren caminos y desafían fronteras. Familia Zoeh y Enkelé demostraron que la música es puente, es relato, es resistencia.
La diversidad fue el sello de esta primera jornada, reafirmando el espíritu del EMAFEST como un festival que celebra todas las expresiones y que apuesta por visibilizar tanto a agrupaciones emergentes como a proyectos consolidados de la región. La curaduría musical, aplaudida por el público, dejó claro que el arte local sigue creciendo, resonando y convocando.
“Una gran manera de vivir el arte y la cultura”, expresaron varios asistentes al cierre de la noche. Y es que EMAFEST 2025 no solo abrió su fin de semana: abrió también un espacio para el encuentro, la emoción y la celebración de lo que somos.








