La Unidad de Bienestar Animal (UBA) de Bucaramanga, creada para proteger a los animales vulnerables de la ciudad, enfrenta una grave crisis institucional tras revelarse que al menos dos perros —Taz y Hermes— fueron sometidos a eutanasia sin cumplir los requisitos legales ni clínicos exigidos para este procedimiento.
La denuncia fue hecha pública por el concejal Camilo Machado, quien reveló fragmentos de chats internos entre funcionarios de la UBA en los que se coordinaba la aplicación de la eutanasia y se hacían comentarios burlones sobre el proceso. Según las denuncias, la orden habría sido emitida por la directora del centro, sin justificación médica ni evaluación ética.
¿Por qué se aplicó la eutanasia?
Hasta el momento, no hay una explicación técnica clara por parte de los veterinarios involucrados. Las evidencias apuntan a que los animales no presentaban condiciones terminales ni agresividad extrema, lo que ha llevado a organizaciones animalistas a calificar el hecho como un acto de crueldad institucional.
La situación ha generado un amplio rechazo ciudadano y ha reavivado el debate sobre el uso de recursos públicos destinados a la protección animal. En agosto pasado, el Concejo de Bucaramanga aprobó una inversión anual de $4.000 millones para fortalecer la UBA, incluyendo atención veterinaria, alimentación, medicamentos y apoyo a fundaciones.
Reacción oficial
El alcalde encargado de Bucaramanga, Javier Sarmiento, se pronunció con firmeza:
“Rechazamos categóricamente estas actuaciones. He solicitado que se adelante el debido proceso para separar del cargo a los responsables y los denunciaré ante el Tribunal de Ética Veterinaria. La UBA debe ser un lugar de protección, no de muerte injustificada”.
Opinión de los animalistas
Colectivos defensores de animales han convocado plantones y exigido una auditoría externa a la UBA. Denuncian que este no sería un caso aislado y piden garantías de transparencia, protocolos éticos y participación ciudadana en la vigilancia del centro.
La vida de los animales no puede depender del capricho ni del silencio institucional. Bucaramanga merece una Unidad de Bienestar Animal que honre su nombre. Que este escándalo sea el punto de quiebre para construir una política pública de protección animal con ética, control y compasión.








