En un giro que mezcla gestos de distensión con advertencias de continuidad bélica, las disidencias de las FARC comandadas por alias Iván Mordisco y alias Calarcá anunciaron ceses de hostilidades contra la fuerza pública durante la temporada navideña. Aunque los comunicados hablan de permitir que las familias colombianas vivan las festividades “sin temor”, también dejan claro que no se trata de una renuncia a la confrontación armada.
Alias Iván Mordisco, líder del Estado Mayor Central (EMC), informó que el cese al fuego unilateral regirá entre el 23 de diciembre de 2025 y el 7 de enero de 2026. La orden fue impartida a todas las unidades del grupo en el país, con la instrucción de suspender operaciones ofensivas contra militares y policías. Sin embargo, el comunicado subraya que se reservan el derecho a la defensa.
Por su parte, alias Calarcá anunció un cese de agresiones contra la fuerza pública de carácter indefinido, en el marco de los acercamientos que mantiene con el Gobierno Nacional. No obstante, también advirtió que la guerra no ha terminado y que sus estructuras seguirán activas y vigilantes.
¿Qué lectura puede hacer el país?
Estos anuncios, aunque revestidos de un lenguaje conciliador, generan más preguntas que certezas. Para muchos analistas, se trata de una estrategia de reposicionamiento político y militar, más que de un compromiso genuino con la paz. La experiencia reciente ha demostrado que estos grupos suelen alternar gestos de tregua con acciones violentas, lo que obliga a leer sus pronunciamientos con escepticismo y prudencia.
¿Qué debe hacer el Gobierno Petro?
El Gobierno Nacional, en cabeza del presidente Gustavo Petro, debe mantener una postura de apertura al diálogo, pero sin bajar la guardia. Algunas medidas clave incluyen:
• Fortalecer la inteligencia militar y territorial, especialmente en zonas donde estas disidencias tienen presencia activa.
• Garantizar la protección de la población civil, evitando que la tregua se convierta en una oportunidad para rearmarse o expandirse.
• Exigir verificabilidad y trazabilidad de los compromisos asumidos por estos grupos, con acompañamiento de organismos internacionales.
• No suspender operaciones de control institucional, salvo en los marcos pactados y con garantías de cumplimiento.
• Comunicar con transparencia a la ciudadanía, para evitar falsas expectativas o manipulaciones narrativas.
La paz no se construye con comunicados unilaterales ni con silencios estratégicos. Se construye con hechos verificables, voluntad política y justicia para las víctimas. Colombia merece una tregua real, no una pausa táctica.
El Estado no puede ser ingenuo: debe escuchar, pero también vigilar. Porque la vida de millones depende de que no lo sorprendan otra vez.








