En medio de tensiones políticas por la financiación de la obra, el presidente Gustavo Petro cumplió con su visita a la Universidad Industrial de Santander (UIS) para inaugurar el nuevo edificio del Instituto de Lenguas, una infraestructura que promete beneficiar a más de 8.000 estudiantes al año.
La ceremonia, realizada en el campus central de la UIS, marcó la entrega oficial de un complejo de 7.020 metros cuadrados que incluye 35 aulas, salas de realidad virtual, espacios de aprendizaje personalizado y oficinas administrativas. La construcción, que tomó apenas nueve meses, tuvo una inversión total de 25.000 millones de pesos.
Sin embargo, el acto no estuvo exento de controversia. El gobernador de Santander, Juvenal Díaz, aseguró que su administración aportó 20.000 millones de pesos, mientras que el Gobierno Nacional solo habría contribuido con 5.000 millones. El ministro de Educación, Daniel Rojas Medellín, desmintió esta versión y afirmó que los recursos provinieron exclusivamente del Gobierno Nacional y de la propia universidad, gracias al fortalecimiento presupuestal impulsado por la administración Petro.
Para estudiantes como Laura Gómez, del programa de Licenciatura en Lenguas, el nuevo edificio “es un sueño hecho realidad que nos permite aprender con herramientas modernas y sentirnos parte de una universidad que apuesta por el futuro”. Docentes como el profesor Javier Rueda celebraron la inclusión de salas de realidad virtual y espacios colaborativos: “Esto no es solo infraestructura, es una apuesta por la calidad y la internacionalización”. Las voces coinciden en que la obra representa un avance tangible, aunque algunos lamentan que el debate político haya opacado el protagonismo estudiantil.
La UIS, por su parte, destacó que el proyecto representa un hito en innovación educativa, bilingüismo y proyección internacional. El nuevo instituto ofrecerá programas con certificación internacional, formación docente, cursos especializados y articulación con proyectos sociales.
Aunque el presidente cumplió con su presencia y la entrega de la obra, el debate sobre quién financió realmente el edificio revela tensiones más profundas sobre la coordinación institucional y la narrativa del cumplimiento. ¿Es suficiente inaugurar una obra para hablar de compromiso cumplido? ¿O el verdadero cumplimiento se mide en transparencia, colaboración y continuidad?








