El conflicto armado en Colombia sigue dejando víctimas entre quienes juran proteger la patria. En la tarde del 9 de septiembre, en medio de operaciones de control territorial en la vereda Las Delicias, municipio de Tibú (Norte de Santander), soldados de la Fuerza de Tarea Vulcano sostuvieron enfrentamientos con integrantes del Frente Juan Fernando Porras Martínez del ELN.
Durante los combates, fue asesinado el soldado profesional Yamid Araque Cely, oriundo de Floresta, Boyacá. Tenía nombre, tenía familia, tenía sueños. Hoy, su nombre se suma a la larga lista de jóvenes que han perdido la vida en una guerra que parece no tener fin.
El Comando de la Segunda División del Ejército Nacional lamentó profundamente su muerte y expresó condolencias a sus seres queridos. Un equipo interdisciplinario ha sido asignado para brindarles acompañamiento en este momento de dolor.
Las operaciones militares continúan en la zona, con el objetivo de contrarrestar las acciones criminales del grupo armado y garantizar la seguridad de las comunidades del Catatumbo. Pero la pregunta persiste: ¿cuántos más deben morir antes de que la paz deje de ser una promesa y se convierta en una realidad?
Yamid Araque Cely no será una cifra más. Su historia merece ser contada, su sacrificio recordado, y su muerte, interrogada.








