Víctor Rincón Yáñez, de 61 años, falleció este domingo tras permanecer más de dos semanas en la Unidad de Quemados del Hospital Internacional de Colombia (HIC), donde luchaba por su vida luego de sufrir graves quemaduras durante el incendio que arrasó con 58 viviendas en el barrio 12 de Octubre, en el occidente de Bucaramanga.
El incendio, ocurrido el pasado 12 de diciembre, dejó a cerca de 40 familias sin techo. Desde entonces, los damnificados —entre ellos adultos mayores, niños, niñas, jóvenes y animales domésticos— sobreviven en carpas improvisadas, expuestos a la intemperie, el hacinamiento y la incertidumbre.
Según testimonios recogidos por medios locales, Rincón Yáñez habría intentado salvar a su mascota, Atila, cuando fue alcanzado por las llamas. Su historia, marcada por el heroísmo y la tragedia, se suma al drama de una comunidad que aún espera una respuesta estructural por parte de las autoridades.
A pesar del tiempo transcurrido, el gobierno local no ha ofrecido una solución concreta para la reubicación de las familias afectadas. Las ayudas entregadas —mercados, colchonetas y kits de aseo— resultan insuficientes frente a la magnitud de la emergencia. La comunidad exige una respuesta integral que garantice el derecho a una vivienda digna y segura.
Es urgente que la Alcaldía de Bucaramanga, Cristian Portilla en articulación con los gremios económicos, organizaciones sociales y la ciudadanía en general, impulse una campaña de reconstrucción que priorice la dignidad humana y la participación comunitaria. La tragedia del 12 de Octubre no puede quedar en el olvido ni resolverse con paliativos.
La muerte de Víctor Rincón Yáñez debe ser un llamado a la acción. La reconstrucción del barrio no es solo una tarea técnica, sino un compromiso ético con la vida, la memoria y la justicia social.








