Bucaramanga. El presidente Gustavo Petro anunció oficialmente un incremento del 23,7% en el salario mínimo legal mensual vigente para el año 2026, que pasará de $1.423.500 a $1.750.905, más un auxilio de transporte que eleva el ingreso total a $2 millones. La decisión, adoptada tras el fracaso de la Mesa de Concertación Salarial, ha sido calificada por diversos gremios como “irresponsable” y “desconectada de la realidad productiva del país”.
Reacciones gremiales: preocupación por el empleo formal
La Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia) expresó su “profunda preocupación” por el incremento, advirtiendo que podría convertirse en una “barrera infranqueable para el empleo formal” y afectar la sostenibilidad de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas. Según AmCham, entre 2022 y 2025 el salario mínimo ya había aumentado un 42%, mientras que la inflación acumulada fue del 30% y la productividad se mantuvo estancada.
FENALCO y la ANDI también rechazaron la medida, señalando que el aumento no tuvo en cuenta los indicadores técnicos ni el consenso en la mesa tripartita. “Es una decisión unilateral que pone en riesgo la estabilidad del mercado laboral”, afirmó Jaime Alberto Cabal, presidente de FENALCO.
Posibles consecuencias económicas
Expertos advierten que un alza de esta magnitud podría tener efectos adversos en varios frentes:
• Desempleo: Las empresas, especialmente en sectores intensivos en mano de obra, podrían reducir contrataciones o recurrir a la informalidad.
• Inflación: El aumento de costos laborales podría trasladarse a los precios de bienes y servicios, presionando la inflación.
• Costo fiscal: El alza impacta directamente en el valor de las pensiones, subsidios y contratos estatales indexados al salario mínimo.
¿Avance social o riesgo estructural?
Desde el Gobierno, el presidente Petro defendió la medida como un paso hacia un “salario vital” que dignifique la vida de los trabajadores. Sin embargo, analistas económicos insisten en que sin mejoras estructurales en productividad, formalización y apoyo a las empresas, este tipo de incrementos pueden ser insostenibles y contraproducentes.
Testimonios desde Santander
“Con este aumento, podré cubrir mejor los gastos escolares de mis hijos, pero me preocupa que mi jefe ya habló de reducir turnos”, cuenta Yenny Rojas, madre cabeza de hogar y empleada de una panadería en Girón.
“El alza suena bien en el papel, pero para nosotros como microempresa es un golpe duro. Estamos pensando en no renovar contratos temporales”, advierte Jorge Mantilla, dueño de una ferretería en Piedecuesta.
Estos testimonios reflejan la tensión entre el alivio inmediato para los trabajadores y la incertidumbre que enfrentan los pequeños empleadores.
Evolución del salario mínimo vs inflación y productividad (2022–2026)
Año Salario Mínimo Inflación (%) Productividad (%)
2022 $1.000.000 13,1 1,5
2023 $1.160.000 9,3 1,2
2024 $1.300.000 7,2 0,8
2025 $1.423.500 5,9 0,5
2026 $1.750.905 — —
Fuente: DANE, Banco de la República, estimaciones gremiales.
El incremento del 23% en el salario mínimo, aunque busca dignificar el ingreso de millones de trabajadores, representa un desafío mayúsculo para las pequeñas y medianas empresas de Santander, que concentran más del 80% del empleo formal en la región. En un contexto de desaceleración económica y baja productividad, muchas Pymes podrían verse forzadas a reducir personal, informalizar vínculos laborales o incluso cerrar operaciones.
Esta medida, sin un acompañamiento efectivo en alivios tributarios, acceso a crédito y fortalecimiento de capacidades empresariales, corre el riesgo de debilitar el tejido productivo local. El reto no es menor: se requiere una respuesta articulada entre Gobierno, gremios y autoridades territoriales para evitar que una política de justicia social termine profundizando la desigualdad que busca combatir








