En Colombia, donde el efectivo sigue siendo el medio de pago más utilizado a pesar del auge de las billeteras digitales, el Banco de la República ha emitido una advertencia clave: los billetes que no cumplan con las dimensiones oficiales dejarán de ser aceptados en transacciones comerciales.
La entidad recordó que todos los billetes en circulación deben ajustarse a medidas específicas, establecidas desde la emisión de la nueva familia de billetes en 2016. Estas dimensiones no son arbitrarias: están diseñadas para garantizar la autenticidad del papel moneda y su compatibilidad con los sistemas de verificación utilizados por bancos, comercios y dispositivos electrónicos como cajeros automáticos y datáfonos.
Medidas oficiales de los billetes en circulación:
• $2.000: 66 mm de alto × 128 mm de largo
• $5.000: 66 mm × 133 mm
• $10.000: 66 mm × 138 mm
• $20.000: 66 mm × 143 mm
• $50.000: 66 mm × 148 mm
• $100.000: 66 mm × 153 mm
Cualquier alteración en estas dimensiones —ya sea por deterioro, manipulación o falsificación— puede invalidar el billete como medio de pago. En estos casos, el billete pierde su valor legal y no será aceptado ni por entidades financieras ni por establecimientos comerciales.
Además, el Banco de la República enfatizó que modificar o alterar las características físicas del dinero constituye un delito sancionado por la ley colombiana. Por ello, se recomienda a la ciudadanía revisar cuidadosamente los billetes que recibe y conservarlos en buen estado.
¿Qué hacer si recibe un billete que no cumple con las medidas oficiales?
• Si el billete fue entregado por una entidad bancaria, acuda a la misma con los comprobantes de la transacción.
• En caso de sospecha de falsificación o alteración, repórtelo ante las autoridades competentes para su verificación.
Esta medida busca fortalecer la confianza en el efectivo y proteger tanto a los ciudadanos como al sistema financiero de posibles fraudes. Aunque los pagos digitales siguen ganando terreno, el efectivo continúa siendo vital para millones de colombianos, especialmente en zonas rurales y sectores con menor acceso a servicios financieros.








