La Universidad Industrial de Santander (UIS) acaba de registrar un hito que emociona y alerta: 7.480 jóvenes se inscribieron para estudiar en el periodo 2026-1, la segunda cifra más alta en toda su historia. De ellos, solo 1.808 podrán ingresar. El resto, en su mayoría jóvenes de clase media y media baja, quedará por fuera no por falta de mérito, sino por falta de cupos. La pregunta es inevitable: ¿cuánto más debe crecer la demanda para que el país entienda que sin un presupuesto robusto, la educación pública no puede responder?
Durante el Consejo Académico Ampliado, realizado este martes, se celebró el entusiasmo de miles de aspirantes que ven en la UIS una oportunidad real de transformación. Pero también se encendieron las alertas sobre los límites estructurales que impiden ampliar la cobertura. La universidad sigue siendo faro, pero necesita más combustible.
“Siguen creyendo en nosotros como universidad para formar a nuestros futuros ciudadanos profesionales”, expresó Jürg Niederbacher Velásquez, decano de la Facultad de Salud, al destacar la confianza que inspira la UIS en la región y el país. Esa credibilidad, construida con décadas de excelencia académica, hoy se enfrenta al desafío de no poder acoger a todos los que tocan su puerta.
Para Gonzalo Patiño, profesor de la Escuela de Economía y director del IPRED UIS, el aumento de inscritos responde a factores como la política de gratuidad del gobierno nacional y el fortalecimiento de la imagen institucional. Sin embargo, advierte que este logro también revela un reto estructural: “Es un logro por donde se le vea, y es un enorme reto también”. La gratuidad, sin ampliación presupuestal, puede convertirse en promesa frustrada.
Camilo Eduardo Londoño Sánchez, director de Admisiones y Registro Académico, explicó que este proceso de inscripción es el segundo más alto de la última década. Atribuye el resultado al trabajo articulado de toda la comunidad universitaria, a la solidez de la infraestructura y a la capacidad de adaptación a nuevos lenguajes juveniles. Pero incluso con estos avances, la capacidad de admisión sigue siendo limitada.
La cifra de 7.480 inscritos no solo es un récord: es un llamado. Un llamado a acelerar la reforma a la Ley 30, que permita ampliar los presupuestos de las universidades públicas y garantizar que más jóvenes puedan acceder a una formación técnica y profesional de calidad. No se trata solo de abrir más cupos: se trata de abrir más futuros.
Cada inscrito representa una historia de esfuerzo, una familia que apuesta por la educación como motor de movilidad social. Cada admitido es una victoria. Pero cada excluido, por falta de cupo, es una oportunidad perdida para el país. La UIS está lista para recibir más. Lo que falta es voluntad política y presupuesto.
Llamado urgente a congresistas y autoridades regionales:
La juventud está tocando la puerta de la universidad pública. ¿Responderemos con presupuesto o con silencio?
7.480 jóvenes se inscribieron para estudiar en la Universidad Industrial de Santander en el periodo 2026-1. Es una cifra histórica. Pero solo 1.808 podrán ingresar. No por falta de mérito. No por falta de voluntad institucional. Sino por falta de presupuesto.
Desde la UIS, hacemos un llamado directo y respetuoso a los congresistas de Santander y a las autoridades regionales:
Es hora de acelerar la aprobación de la reforma a la Ley 30 y garantizar una financiación estructural que permita ampliar cupos, fortalecer la permanencia estudiantil y responder a la creciente demanda de formación técnica y profesional.
Cada inscrito representa una historia de esfuerzo, una familia que confía en la educación pública como motor de movilidad social. La mayoría proviene de sectores medios y populares que no pueden costear una universidad privada. ¿Qué mensaje les damos si no ampliamos la cobertura?
La UIS ha demostrado con hechos su capacidad de atraer, formar y transformar. Pero no puede hacerlo sola. Necesita respaldo legislativo, voluntad política y compromiso presupuestal.
Este esfuerzo colectivo ha sido posible gracias al liderazgo visionario del rector, ingeniero Hernán Porras Díaz, quien ha gestionado con rigor y persistencia los recursos necesarios para que la UIS cuente con un presupuesto acorde a su misión pública. Bajo su dirección, la universidad no solo ha fortalecido su planta docente y su oferta académica, sino que ha modernizado su infraestructura hasta alcanzar estándares que no tienen nada que envidiarle a una universidad privada. Hoy, la UIS es ejemplo nacional de cómo la educación pública puede ser sinónimo de excelencia, dignidad y futuro, cuando se gobierna con compromiso, transparencia y visión de país.
No dejemos que miles de sueños se queden en la puerta. Invertir en educación pública no es un gasto: es la decisión más estratégica que puede tomar un país que quiere paz, equidad y futuro.








