En Santander, el 31 de diciembre no es solo una fecha en el calendario: es un ritual colectivo donde la memoria, la esperanza y la tradición se entrelazan en cada calle, cocina y abrazo familiar. Desde las primeras horas del día, los hogares se llenan de aromas, risas y preparativos que anuncian la llegada de un nuevo ciclo.
Agüeros que cruzan generaciones
Correr con una maleta vacía para atraer viajes, barrer la casa hacia afuera para sacar las malas energías, usar ropa interior amarilla para llamar la prosperidad o comer doce uvas al ritmo de las campanadas son solo algunos de los agüeros que se repiten año tras año. En municipios como San Gil, Socorro o Piedecuesta, no falta quien queme el tradicional “año viejo”, ese muñeco de trapo que simboliza lo que se deja atrás: las penas, los errores, las enfermedades.
“Cada año quemamos el año viejo con cartas donde escribimos lo que queremos soltar. Es una forma de sanar en familia”, cuenta doña Mariela Rueda, matrona de una vereda en Girón.
Sabores que abrazan
La cocina santandereana también se viste de fiesta. El mute, la carne oreada, los tamales, el cabro, ensaladas, carnes frías y la tradicional arepa Santandereana son protagonistas en las mesas. En algunas casas, el menú se acompaña con chicha, masato o guarapo, mientras que en otras se brinda con vino espumoso o cerveza artesanal local. Las abuelas preparan dulces de leche, brevas con arequipe y buñuelos que se comparten entre vecinos como gesto de afecto.
La familia como centro del ritual
Aunque algunos optan por celebrar en discotecas o parques, la mayoría de los santandereanos prefiere recibir el año en casa, rodeados de sus seres queridos. Se encienden velas por los que ya no están, se agradece por lo vivido y se abrazan los sueños por venir. En barrios de Bucaramanga, Floridablanca y Barrancabermeja, es común ver calles cerradas para compartir cenas comunitarias, juegos pirotécnicos y música parrandera hasta el amanecer.
Un llamado a celebrar con conciencia
Las autoridades han hecho un llamado a evitar el uso de pólvora, especialmente en presencia de niños y animales. También se invita a la ciudadanía a cuidar el medio ambiente, reducir el uso de plásticos y optar por celebraciones sostenibles.
Un nuevo año, una nueva oportunidad
En cada rincón de Santander, el 31 de diciembre es una oportunidad para renovar la fe, fortalecer los lazos comunitarios y proyectar un futuro mejor. Porque aquí, donde la tradición se vive con el corazón, despedir el año viejo es también sembrar esperanza.








