Más allá del lugar que ocupa en el listado, el reconocimiento pone nuevamente la mirada sobre una trayectoria que comenzó en Bucaramanga y que hoy se desarrolla en uno de los campos que buscan respuestas a preguntas fundamentales sobre la salud humana.
Porras es profesora de la Universidad de Florida y dirige el laboratorio Tissue-Microbe Interactions, dedicado a estudiar la relación entre los microorganismos y los tejidos del cuerpo humano.
Su trabajo utiliza modelos de tejidos para analizar qué ocurre cuando los microorganismos interactúan con las estructuras que forman parte del organismo. Entre sus líneas de investigación se encuentran el microbioma, las enfermedades infecciosas y la manera en que estas interacciones pueden influir en la salud y en procesos relacionados con diferentes enfermedades.
Una carrera que comenzó en Bucaramanga
Antes de convertirse en investigadora y profesora universitaria en Estados Unidos, Ana María Porras creció en Bucaramanga, en una familia vinculada con la ingeniería y la educación.
Después de terminar el colegio viajó a Estados Unidos para estudiar Ingeniería Biomédica en la Universidad de Texas en Austin. Posteriormente continuó su formación en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde realizó una maestría y un doctorado en el área.
Su recorrido académico continuó con una etapa de investigación posdoctoral en la Universidad de Cornell, antes de llegar a la Universidad de Florida.
Fue allí donde, en 2021, comenzó una nueva etapa de su carrera con la creación del laboratorio Tissue-Microbe Interactions, desde donde actualmente desarrolla sus investigaciones.
Cuando la ciencia busca explicar lo que no vemos
Una parte importante de su trabajo consiste en estudiar algo que normalmente no podemos observar a simple vista: la relación entre los microorganismos y los tejidos humanos.
Su laboratorio investiga, entre otros aspectos, cómo los microbios interactúan con la matriz extracelular, una estructura que rodea y sostiene las células de los tejidos.
La pregunta detrás de estas investigaciones es cómo esas interacciones pueden contribuir a mantener la salud o, por el contrario, participar en procesos de enfermedad.
En 2024, su trabajo recibió además un respaldo importante: la investigadora obtuvo una financiación de 1,8 millones de dólares del National Institutes of Health (NIH) para avanzar en investigaciones relacionadas con el papel del microbioma en la salud de los tejidos.
Y su trayectoria científica ha seguido recibiendo reconocimientos. En 2025 fue seleccionada entre los investigadores que participarían en el programa Emerging Leaders 2026 del American Institute for Medical and Biological Engineering.
La ciencia también se comunica
Pero la carrera de Ana María Porras no se ha concentrado únicamente en el laboratorio.
La investigadora también ha desarrollado actividades de divulgación científica y ha trabajado para acercar las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas —conocidas como STEM— a comunidades que tradicionalmente han tenido una menor representación en estos campos.
También participa en iniciativas destinadas a fortalecer la presencia de estudiantes y profesionales latinos en la ingeniería biomédica.
Uno de esos espacios es LatinXinBME, comunidad de profesionales latinos vinculados con la ingeniería biomédica de la que Porras es cofundadora y asesora principal.
De esta manera, su trabajo no solamente busca producir conocimiento científico, sino también contribuir a que nuevas generaciones encuentren un lugar dentro de la ciencia.
Una bumanguesa que sigue abriendo camino
El reconocimiento de Latino Leaders llega después de años de formación, investigación y trabajo académico.
Porras ocupa ahora el puesto 68 de una lista que reúne a 101 figuras destacadas de la comunidad latina en Estados Unidos, pero detrás de ese número existe una historia que comenzó en Bucaramanga.
Desde un laboratorio de la Universidad de Florida, la científica santandereana continúa investigando la relación entre los microorganismos y el cuerpo humano, mientras desarrolla proyectos de educación y divulgación científica.
Su recorrido conecta dos mundos: el de una joven que salió de Bucaramanga para formarse en Estados Unidos y el de una investigadora que hoy trabaja en preguntas científicas de alcance internacional.
Una historia que comenzó en Santander y que hoy continúa escribiéndose entre laboratorios, estudiantes e investigaciones que buscan entender un poco mejor el cuerpo humano.







