La búsqueda de alternativas comerciales e industriales para la caña panelera tomó relevancia en Santander, donde los productores enfrentan dificultades para cubrir sus costos y mantener la rentabilidad de los trapiches. La situación ha reabierto el debate sobre cómo fortalecer una actividad que genera ingresos para numerosas familias rurales de la Hoya del Río Suárez y la provincia de Vélez.
Una de las dificultades señaladas por el sector es la reducción del consumo de panela, que contribuye a la acumulación de excedentes y presiona los precios a la baja. En agosto, el Comité de Paneleros de Santander y representantes de la Federación Nacional de Productores de Panela analizaron problemas comerciales, tecnológicos y organizativos, y acordaron impulsar propuestas para fortalecer el mercado y aumentar el consumo del producto regional.
La preocupación también tiene una dimensión nacional. En octubre, Fedepanela advirtió sobre el impacto de los costos de producción, el endeudamiento y el denominado “derrite”, práctica que consiste en elaborar panela utilizando azúcar industrial. Según el gremio, esta modalidad distorsiona la competencia y perjudica a los productores que transforman la caña bajo los métodos tradicionales.
Las cifras recientes muestran la presión económica que soportan los campesinos. En una audiencia pública realizada el 26 de octubre se expusieron costos cercanos a $4.300 por kilo frente a ingresos de aproximadamente $3.500. Por separado, los registros de precios de mercado de ese día ubicaron la panela cuadrada en $3.150 por kilo en Güepsa. Son referencias distintas que reflejan la necesidad de diferenciar entre el precio comercial y el dinero que efectivamente recibe cada productor.
Ante este panorama, entre las alternativas planteadas por el sector están promover el consumo, ampliar los canales de comercialización y explorar nuevos usos industriales para la caña. El gobernador de Santander, Juvenal Díaz Mateus, también propuso estudiar opciones como la producción de etanol y alcoholes industriales. Sin embargo, estas iniciativas requieren estudios de viabilidad, inversiones y coordinación con las entidades nacionales antes de convertirse en oportunidades concretas para los campesinos.
El desafío ahora es traducir las propuestas en medidas que mejoren los ingresos de los productores y permitan sostener el empleo rural. Para determinar el alcance de la crisis será necesario conocer cuántos trapiches están reduciendo su actividad, qué costos afrontan las distintas zonas paneleras y cuáles iniciativas cuentan con financiación y plazos definidos. De esos avances dependerá que las alternativas planteadas se conviertan en soluciones reales para la economía panelera de Santander.







