Aunque su origen remite a un episodio trágico del Evangelio —la matanza de niños ordenada por el rey Herodes—, el Día de los Santos Inocentes se ha transformado en una jornada de humor, bromas y alegría popular. En Santander, esta fecha se celebra con una chispa muy propia: desde noticias falsas en emisoras comunitarias hasta comidas “trampa” que engañan el paladar.
En municipios como Barichara, Socorro y San Gil, aún se conservan tradiciones que mezclan lo religioso con lo festivo. En algunas veredas, los niños se disfrazan y recorren las calles pidiendo “la inocentada”, una especie de aguinaldo en forma de dulces o monedas, mientras los adultos preparan bromas que van desde cambiar el azúcar por sal hasta anunciar embarazos o matrimonios ficticios.
En Bucaramanga, no es raro que los medios de comunicación se sumen a la fecha con titulares insólitos que, al final del día, se revelan como inocentadas. También hay quienes aprovechan para hacer “préstamos” que nunca se devuelven, bajo el clásico remate: “¡Inocente palomita que te dejaste engañar!”.
Más allá de las risas, esta fecha también se ha convertido en una oportunidad para reflexionar sobre la credulidad, la confianza y los límites del humor. Algunas escuelas y colectivos culturales en el área metropolitana organizan actividades lúdicas para enseñar a los niños el origen de la celebración y promover bromas sanas, sin burlas ni agresiones.
En tiempos de noticias falsas y desinformación, el Día de los Inocentes también invita a pensar críticamente: ¿cómo distinguir una broma de una mentira? ¿Qué papel juega el humor en nuestra vida cotidiana? ¿Y cómo podemos conservar nuestras tradiciones sin perder de vista el respeto por los demás?
Este 28 de diciembre, las calles de Santander se llenarán de risas, pero también de memoria y creatividad. Porque en esta tierra, la inocentada no es solo una broma: es una forma de celebrar la picardía con ingenio, sin perder la ternura.








