Bogotá / Bucaramanga — El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló que la inflación en Colombia durante 2025 fue de 5,10 %, una leve disminución frente al 5,20 % registrado en 2024. Este resultado representa el nivel más bajo desde 2020 y se convierte en un dato clave para definir el ajuste de arriendos, peajes, matrículas y otros precios regulados en 2026.
¿Qué impulsó la inflación nacional?
Según el informe del DANE, los principales factores que presionaron el Índice de Precios al Consumidor (IPC) fueron:
• Alimentos y bebidas no alcohólicas, especialmente productos como arroz, papa y frutas, que presentaron incrementos por fenómenos climáticos y costos logísticos.
• Transporte, debido al alza en combustibles y tarifas de servicios intermunicipales.
• Educación y salud, con aumentos derivados de ajustes salariales y costos operativos.
A pesar de estas presiones, la inflación se moderó gracias a una menor demanda interna y a la estabilización de algunos precios internacionales. No obstante, analistas advierten que el aumento del salario mínimo en 2026 podría generar nuevas presiones inflacionarias en los próximos meses.
Bucaramanga: segunda ciudad con mayor inflación en 2025
En el panorama regional, Bucaramanga se ubicó como la segunda ciudad con mayor inflación del país, solo superada por Cúcuta. El informe del DANE destaca que en la capital santandereana los incrementos más significativos se dieron en:
• Alimentos preparados fuera del hogar, como almuerzos corrientes y comidas rápidas.
• Transporte urbano, con alzas en pasajes y servicios de taxi.
• Servicios públicos domiciliarios, especialmente energía eléctrica y gas.
Este comportamiento refleja una presión sostenida sobre los hogares bumangueses, especialmente los de ingresos bajos y medios, que destinan una mayor proporción de sus recursos a estos rubros.
¿Qué implica esto para Santander?
La alta inflación en Bucaramanga debe ser leída como una alerta para las autoridades locales y regionales.
Algunas acciones urgentes podrían incluir:
• Monitoreo y control de precios en mercados populares y servicios básicos.
• Fortalecimiento de circuitos cortos de comercialización para reducir la dependencia de intermediarios.
• Inversión en transporte público eficiente y asequible, que mitigue el impacto de los combustibles.
• Programas de apoyo alimentario y subsidios focalizados, especialmente en zonas periféricas y rurales.
Además, este panorama refuerza la necesidad de regionalizar las políticas económicas y sociales, reconociendo que los promedios nacionales ocultan realidades locales muy distintas. En Santander, donde la inflación golpea con más fuerza, se requiere una respuesta diferenciada que articule a alcaldías, gobernación, gremios y ciudadanía.








