El primer día del año llegó con un nuevo ajuste en las tarifas de gasolina y diésel en Santander, golpeando el bolsillo de hogares y transportadores.
Desde este 1 de enero, los santandereanos enfrentan un nuevo incremento en los precios de los combustibles, tras la entrada en vigor del ajuste anunciado por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG). El galón de gasolina corriente subió en promedio $90, mientras que el diésel (ACPM) aumentó $99.
En Bucaramanga, el galón de gasolina se ubica ahora en $16.248 y el de ACPM en $11.025, cifras que superan los $16.000 por primera vez en la capital santandereana. Este aumento se suma a los ajustes acumulados durante 2025, lo que ha generado preocupación entre conductores, transportadores y comerciantes locales.
“Cada vez que sube la gasolina, sube todo: el transporte, los alimentos, los servicios. Nosotros lo sentimos de inmediato”, expresó un conductor de bus urbano en Girón, quien teme que el alza se traduzca en una presión adicional sobre las tarifas del transporte público.
El impacto también se extiende a los municipios del área metropolitana y zonas rurales, donde el transporte de carga y pasajeros depende en gran medida del ACPM. Líderes comunales de Piedecuesta y Lebrija han advertido que los costos logísticos para el abastecimiento de alimentos y productos básicos podrían incrementarse en las próximas semanas.
Aunque el Gobierno Nacional ha defendido el ajuste como parte de una política de estabilización fiscal, en Santander crecen los llamados a revisar los mecanismos de fijación de precios y a garantizar medidas de alivio para los sectores más afectados.
Este inicio de año plantea nuevos retos para la movilidad, el comercio y la economía familiar en la región. Desde distintos sectores se insiste en la necesidad de buscar soluciones concertadas que no trasladen toda la carga a los ciudadanos.
En el área metropolitana de Bucaramanga, donde la motocicleta se ha convertido en el principal medio de transporte para miles de familias y trabajadores informales, el nuevo incremento en el precio de la gasolina ha encendido las alarmas. “Nos están asfixiando. Cada vez que tanqueamos sentimos que se nos va el sustento del día”, expresó un mototaxista de Floridablanca. Para muchos hogares, la moto no solo representa movilidad, sino también ingreso: es herramienta de trabajo, transporte escolar y salvavidas económico. El alza, aseguran, golpea con más fuerza a quienes menos tienen y más dependen del combustible para sobrevivir.








