La situación de los usuarios de Nueva EPS en Santander se ha vuelto insostenible. A pesar de que la entidad fue intervenida hace más de un año por el Gobierno Nacional, la promesa de mejora se ha desvanecido. Hoy, pacientes denuncian que la solución ha sido peor que la enfermedad.
Medicamentos que no se entregan, órdenes médicas que no se autorizan, y exámenes especializados que, aun con aprobación, no son atendidos por las IPS. Este es el panorama que enfrentan miles de afiliados, especialmente niños, adultos mayores y personas con enfermedades catastróficas, quienes ven vulnerado su derecho fundamental a la salud.
“En Nueva EPS, la vida no vale nada”, dicen algunos usuarios, citando la ranchera de José Alfredo Jiménez para describir el abandono institucional que sienten. La frase, cargada de dolor, resume el clamor de quienes hoy protagonizan un plantón en la sede del poblado Girón, exigiendo atención digna, sin mentiras ni evasivas.
Los manifestantes reclaman que se respeten las citas médicas, se garantice el suministro de medicamentos y se reactive la red de prestadores que se niega a recibir pacientes de Nueva EPS. La falta de coordinación entre la entidad, las IPS y los entes de control ha dejado a los usuarios en un limbo, donde la salud se convierte en una carrera de obstáculos.
La protesta en Girón es apenas una muestra del descontento que crece en todo el departamento. Los pacientes piden que se escuchen sus voces, que se tomen decisiones urgentes y que se les devuelva la tranquilidad de saber que, ante una urgencia médica, no estarán solos ni desamparados.








