La Policía Metropolitana de Bucaramanga acaba de realizar una intervención integral en el sector del Centenario, desplegando 300 uniformados en el marco de la estrategia “Una Metropolitana Bonita y Segura”. El operativo incluyó unidades especializadas como GOES, SIART, Guías Caninos, Infancia y Adolescencia, entre otros, y arrojó resultados positivos en prevención, incautación de armas cortopunzantes y hallazgo de dosis mínimas de estupefacientes.
Celebro esta acción. La presencia policial es necesaria, y más aún cuando se realiza con enfoque integral. Pero también es mi deber como periodista y ciudadana advertir que la seguridad no se construye con operativos de uno o dos días. Los delincuentes conocen el terreno, saben cuándo esconderse y cómo esperar a que pase la tormenta. La seguridad requiere continuidad, inteligencia territorial y liderazgo claro.
Tanto el alcalde encargado, Eduard Sánchez, como el nuevo comandante de la Policía Metropolitana, Brigadier General William Quintero Salazar, están estrenando sus cargos. Y lo hacen en medio de una ciudad que exige resultados, no promesas. Por eso, es fundamental que el alcalde entienda que su rol no es dirigir operativos, sino liderar estratégicamente su equipo de gobierno. Tiene a su lado al coronel (R) Gildardo Rayo como secretario del Interior, un funcionario que conoce la ciudad, tiene experiencia en seguridad y ha demostrado capacidad.
Cambiarlo sería un error garrafal
Sánchez, como exalcalde, sabe lo que implica gobernar. Sabe que el tiempo en un encargo es corto y que cada día cuenta. Por eso, debe concentrarse en articular su gabinete, garantizar que los operativos se mantengan en el tiempo y que la ciudadanía vea resultados concretos. La seguridad no se improvisa, se construye con continuidad, coordinación y confianza.
La comunidad necesita saber que sus denuncias no caen en saco roto. Que los patrullajes no son solo para la foto. Que los líderes están donde deben estar: el alcalde liderando, el secretario del Interior ejecutando, y la Policía actuando con rigor y cercanía.
Bucaramanga merece una estrategia de seguridad que no se apague con el paso de los días. Y quienes hoy ocupan cargos de responsabilidad tienen la oportunidad —y el deber— de demostrar que están a la altura del reto.
No puede pasarse por alto el trabajo que dejó encaminado el alcalde saliente Jaime Andrés Beltrán Martínez en materia de seguridad. Su salida intempestiva no debe ser excusa para desconocer los esfuerzos que realizó por contener el crimen y fortalecer la presencia institucional en los barrios. Bucaramanga fue testigo de operativos sostenidos, articulación interinstitucional y voluntad política para enfrentar el delito. Hoy, cuando el accionar de la delincuencia está desbordado en todo el país, y el gobierno nacional parece renunciar a una política de mano firme frente al crimen, es más urgente que nunca reconocer lo que sí funcionó y sostenerlo. La ciudad no puede retroceder. La seguridad debe ser prioridad, sin protagonismos ni improvisaciones.








