Barrancabermeja, Santander. La tragedia ambiental en el caño San Silvestre no da tregua. Un nuevo manatí antillano —especie en vía de extinción— fue hallado sin vida en la ciénaga El Llanito, elevando a 15 el número de ejemplares muertos en el corredor biológico de esta especie en los últimos años.
Leonardo Granados Cárdenas, secretario de Ambiente y Transición Energética del Distrito de Barrancabermeja, confirmó el hallazgo y advirtió sobre el “grave factor de riesgo” que enfrenta este ecosistema. Según el funcionario, las causas de la muerte están relacionadas con la presencia de hidrocarburos y aguas residuales en los cuerpos hídricos que conforman el hábitat del manatí.
“Desde la Secretaría de Ambiente iniciamos acciones legales y un proyecto de monitoreo de sedimentos y aguas, con el fin de establecer comparativos fisicoquímicos que nos permitan entender qué está provocando estas muertes”, explicó Granados Cárdenas.
La investigación sobre el deceso del neonato confirmó la presencia de hidrocarburos en la ciénaga El Llanito. Además, se identificaron al menos ocho puntos críticos de contaminación, entre ellos Cardales y Los Pinos, donde no se están aplicando técnicas adecuadas para mitigar el impacto ambiental.
“La industria petrolera tiene la responsabilidad de implementar tecnologías que garanticen la recuperación de las áreas afectadas. No podemos seguir permitiendo que se filtren hidrocarburos a las fuentes hídricas”, enfatizó el secretario.
Ante la persistencia de estas fallas, la administración distrital solicitó a la ANLA y a la CAS la suspensión inmediata del actual proceso de descontaminación, invocando el principio de precaución ambiental. La meta: que cualquier plan de intervención se alinee con el Plan de Conservación del Manatí Antillano, hoy claramente vulnerado.
En respuesta, el Tribunal Superior de Santander ratificó una sentencia que obliga a la empresa CENIC a diseñar e implementar un plan integral de recuperación de la ronda hídrica, los sedimentos y la macrofauna de la ciénaga San Silvestre.
Cada manatí que muere es una alarma que no podemos seguir ignorando. La vida en los humedales del Magdalena Medio está en riesgo, y con ella, la memoria y el futuro de nuestras comunidades.








