Una lamentable tragedia se registró en la noche del jueves 10 de julio en el municipio de Girón, Santander. María Fernanda Pérez Díaz, joven de 18 años, perdió la vida como consecuencia de un violento accidente vial mientras se movilizaba como pasajera en una motocicleta.
De acuerdo con versiones preliminares, el conductor del vehículo habría intentado adelantar temerariamente a un automóvil, lo que provocó una colisión lateral y la pérdida de control de la moto. Durante el impacto, María Fernanda fue expulsada del vehículo y golpeó una señal de tránsito, hecho que le causó la amputación de una pierna. Fue trasladada de inmediato a un centro asistencial, donde falleció horas más tarde debido a la gravedad de sus heridas.
Juan José Gómez, secretario de tránsito de Girón, confirmó que agentes de movilidad atendieron la emergencia tras recibir información en un puesto de control: “La versión indica que el motociclista intentó sobrepasar un automóvil, colisiona y cae junto a su acompañante, quien pierde una de sus extremidades inferiores y es trasladada inmediatamente para recibir atención médica”.
Sin embargo, lo más impactante fue el comportamiento del conductor de la motocicleta, quien huyó del lugar del accidente, dejando a la joven gravemente herida, mientras que el conductor del automóvil sí se detuvo para auxiliar. Testigos afirman que el motociclista expresó “se murió” antes de escapar. La Policía Nacional ha iniciado su búsqueda para determinar su identidad y llevarlo ante las autoridades competentes.
Las autoridades también investigan si el hecho corresponde a un caso de mototaxismo informal, una práctica común en la región que implica graves riesgos para la seguridad del usuario. Se han reportado múltiples incidentes en los que estos conductores, al verse involucrados en accidentes, abandonan a sus pasajeros sin brindarles auxilio. Ante esta situación, se hace un llamado urgente a la ciudadanía para que considere los riesgos de utilizar estos servicios informales, donde frecuentemente no se respetan las normas de tránsito ni se garantiza responsabilidad por parte del conductor.
Este doloroso episodio nos confronta con una realidad que exige mayor conciencia vial. La vida de María Fernanda no debe convertirse en una estadística más, sino en un llamado a actuar con ética y compromiso cuando estamos al volante. Prestar auxilio es un deber humano y legal; evadirlo, una profunda herida a nuestra empatía colectiva. Que este hecho nos convoque a exigir seguridad, asumir responsabilidad y proteger la vida en cada trayecto que emprendamos.








