En un acto sin precedentes para la justicia ambiental y social, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) acreditó al río Magdalena como víctima y sujeto de derechos, una decisión impulsada por organizaciones de víctimas dentro del Caso 08, Subcaso Magdalena Medio.
El evento, celebrado en el Puerto Fluvial Yuma, reunió a víctimas, líderes comunitarios y representantes institucionales para socializar esta determinación, que reconoce los múltiples impactos sufridos por el río debido al conflicto armado.
Un río testigo de la violencia y la resistencia
La magistrada Catalina Díaz, vicepresidenta de la Sala de Reconocimiento de Verdad y relatora del Subcaso Magdalena Medio, explicó el proceso de acreditación del río como víctima:
«El río sufrió serias afectaciones en sí mismo. Fue destino final de cientos de personas desaparecidas forzadamente, contaminado por el vertimiento de hidrocarburos y mercurio, y transformado en escenario de crímenes. Estos daños le otorgan el derecho a ser considerado víctima» — afirmó Díaz, subrayando la importancia de reparar tanto al río como a las comunidades que dependen de él.
Esta decisión abre una agenda para la protección del Magdalena y la búsqueda de desaparecidos, en articulación con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
«El río ha sido testigo a la fuerza. Nuestra responsabilidad es garantizar que su historia y la de las víctimas no queden en el olvido», añadió la magistrada.
El testimonio que estremeció el acto: la voz del sindicalismo
En un momento profundamente conmovedor, Carlos Gallón, representante de la Unión Sindical Obrera, evocó la relación entre el río Magdalena y la lucha sindical. Para reforzar su mensaje, leyó un fragmento de El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, destacando al río como fuente de inspiración literaria, pero también de dolor y resistencia.
«Para nosotros, el río Magdalena tiene un origen en nuestra historia, porque nos permitió organizarnos y luchar desde hace 102 años. En ese tiempo, más de 125 compañeros han sido asesinados. Y seguimos siendo víctimas hasta el día de hoy» — expresó Gallón, dejando en el aire un testimonio que refleja el peso de la violencia sobre quienes lo han defendido.
Su declaración retumbó entre los asistentes, reafirmando que este reconocimiento no solo protege el ecosistema, sino también la memoria de quienes han sido perseguidos en su entorno.
Esperanza y reparación: voces del territorio
A lo largo del evento, otras víctimas y líderes comunitarios se sumaron al llamado de justicia, entre ellos Paola Cifuentes, quien recibió el Auto de acreditación del río Magdalena como sujeto de derechos:
«Tres generaciones esperando verdad, justicia y reparación. Para algunos, el río es fuente de vida; para mí también lo es, pero es una fuente de búsqueda. Mi padre fue arrojado allí. Han pasado 26 años y no sabemos dónde está. El río es una fosa común que fluye, pero nos mantiene aquí vivos, con la certeza de que conoceremos la verdad».
Por su parte, Ubencel Duque, director del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, destacó la importancia de esta decisión para la reparación integral del territorio:
«Este reconocimiento moviliza la palabra y la sabiduría del pueblo. El río nos une y nos fortalece» — afirmó.
Desde la Defensoría del Pueblo, Betty Eugenia Moreno enfatizó la necesidad de un trabajo articulado para garantizar que este fallo conduzca a acciones concretas:
«Las instituciones deben responder con estrategias que restauren los derechos del río y de quienes viven en sus orillas».
El río Magdalena, fuente de vida y cultura
El acto de acreditación estuvo acompañado por una demostración de pesca artesanal a cargo de Yuly Andrea Velásquez Briceño, representante de la Federación de Pescadores Artesanales de Santander, quien explicó las complejidades de la faena en las aguas del Magdalena.
Además, la música y las tradiciones ribereñas cobraron vida con la participación del Grupo Milloson, cuyas tamboras y voces recordaron que el río Magdalena es también un símbolo de cultura y resistencia.
Un precedente para la justicia ambiental
El reconocimiento del río Magdalena como víctima y sujeto de derechos marca un antes y un después en el enfoque de justicia transicional en Colombia. La decisión de la JEP no solo reivindica la memoria de los desaparecidos, sino que también sienta las bases para acciones de restauración ambiental y comunitaria.
«El río es la vida. Al declararlo sujeto de derechos, debemos garantizar su reparación» — concluyó Jahel Quiroga Carrillo, fundadora de Credhos y directora de la corporación Reiniciar.








