En medio de la Primera Cumbre Mundial de Parterías Tradicionales, la vicepresidenta Francia Márquez lanzó uno de los discursos más reveladores desde que asumió el cargo en 2022. En sus palabras, cargadas de verdad y dignidad, señaló que ha sido objeto de “episodios de deslegitimación, sabotaje y exclusión” no por parte de sus opositores, sino de aquellos con quienes compartió proyecto político. “Somos útiles para ganar elecciones, pero no para gobernar. Se nos quiere en la foto, pero no en la toma de decisiones”, expresó con voz firme.
Pero lo que ha encendido una profunda inquietud social es lo que ha seguido a ese discurso: un silencio sepulcral por parte de las principales mujeres de su propio movimiento, muchas de ellas aspirantes presidenciales. Ninguna ha emitido palabras de respaldo frente a las acusaciones de discriminación racial y de género que Francia Márquez ha revelado. Ninguna ha hecho público un gesto de solidaridad. ¿Acaso no son estas las batallas que deberían unirlas?
La defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, ha sido una de las pocas voces institucionales que salió a respaldarla, reconociendo que la vicepresidenta ha sido víctima de exclusiones que no pueden seguir normalizándose en ningún espectro político. Pero mientras tanto, se escucha también la voz del representante a la Cámara Heráclito Landinez, quien descalificó a Márquez al tacharla de “supermachista” por expresar sus críticas hacia el gobierno Petro. ¿Es ese el tono con el que se responde al clamor de una mujer que se levanta contra la injusticia?
Francia Márquez no habla solo por sí misma. Representa la lucha de miles de mujeres afrodescendientes, campesinas, lideresas, madres, jóvenes, que buscan no solo estar en la foto, sino tener voz en los espacios de poder. Su denuncia interpela a todas las colombianas: ¿Qué pueden esperar las mujeres del país si quienes aspiran a gobernar no son capaces de tenderle la mano a una compañera violentada desde adentro?
La solidaridad es más que una palabra. Es un acto político, ético y profundamente humano. El silencio de las dirigentes que deberían rodear a Francia Márquez es un espejo que nos llama a mirar de frente: ¿Estamos dispuestas a que la historia se repita con otras mujeres, en otros cargos, en otros momentos?








