Este domingo, la capital santandereana será escenario de una versión renovada del tradicional desfile militar y policial con motivo del aniversario número 215 del Grito de Independencia. El evento, liderado por la Quinta Brigada del Ejército Nacional y la Gobernación de Santander, trae consigo ajustes logísticos y ceremoniales que buscan mejorar la experiencia ciudadana.
El desfile arrancará a las 8:00 a. m. sobre la carrera 27, desde la calle 56 hasta el Mesón de los Búcaros, en sentido sur-norte. A lo largo del recorrido se instalarán tarimas principales, incluyendo una en el Parque Turbay, donde se concentrará buena parte de la institucionalidad.
Más de 2.500 uniformados entre miembros de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y veteranos de ambas instituciones participarán en la marcha, que este año se enfocará en ofrecer un espectáculo más dinámico y accesible para el público.
“Queremos que los ciudadanos vivan el desfile como una experiencia de orgullo y cercanía con nuestras tropas. Por eso, las condecoraciones se realizarán el día anterior, en un acto especial”, explicó Douglas Arenas, director de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Gobernación.
La ceremonia de exaltación a los héroes de la fuerza pública se adelantará al sábado 19 de julio, en la Plaza Cívica Luis Carlos Galán Sarmiento, donde se entregarán reconocimientos por parte de la Gobernación a soldados y policías destacados por su labor en Santander.
Además del evento central en Bucaramanga, se realizarán paradas militares e izadas de bandera en varios municipios del área de operaciones del Ejército, como parte de la conmemoración nacional.
Para garantizar la seguridad durante la jornada, cerca de 1.500 efectivos de la Policía Nacional estarán desplegados en puntos estratégicos del área metropolitana, con el objetivo de brindar tranquilidad a los asistentes y visitantes.
En medio de los preparativos para el desfile del 20 de julio, algunos veteranos de las Fuerzas Militares han alzado su voz para recordar que, más allá de la celebración, persisten heridas abiertas dentro de la institución. “La tropa está desmoralizada. Nos sacaron sin permitirnos completar el proceso de reintegración a la vida civil, sin capacitación, sin acompañamiento psicológico, sin siquiera un ‘gracias por su servicio’”, expresó el soldado profesional Nicolás Loaiza, uno de los más de 700 militares retirados recientemente. Otros veteranos, como los que participaron en la rendición de cuentas del Ministerio de Defensa, han cuestionado decisiones como la atención a desmovilizados en el Hospital Militar, calificándola como una “afrenta a la familia militar” y una forma de revictimización. Estos testimonios, cargados de dolor y dignidad, contrastan con el brillo del desfile y recuerdan que la memoria institucional también debe incluir a quienes han servido en silencio.








