La ciudadanía bumanguesa atraviesa un momento crítico en materia de seguridad, y frente a ello, los aspirantes a la Alcaldía deben demostrar preparación, conocimiento y compromiso real con la ciudad. Participar en debates públicos no es un trámite ni una vitrina para improvisaciones: es un ejercicio exigente que exige respeto por la inteligencia colectiva y por el dolor de quienes viven la inseguridad día a día.
Durante el debate realizado en las instalaciones de RCN, el candidato Cristian Portilla fue cuestionado sobre el aumento de los casos de sicariato en Bucaramanga entre enero y octubre. Al no presentar cifras ni argumentos sólidos, su intervención generó inquietud entre los asistentes y televidentes. Moderadores del evento señalaron que el candidato evadió la respuesta, pese a que el tema ha sido uno de los más sensibles para la ciudad en el último año.
Sectores ciudadanos y analistas coincidieron en que Portilla llegó sin preparación al encuentro, sin dominio de los indicadores de seguridad ni propuestas claras frente a la violencia que afecta a Bucaramanga. Algunos incluso señalaron que ha enfocado sus esfuerzos en estrategias digitales para maquillar la realidad, en lugar de enfrentarla con soluciones concretas.
La controversia se agudizó cuando el candidato expresó su intención de continuar el modelo de gobierno de Jaime Andrés Beltrán, una administración que dejó preocupantes cifras en materia de sicariato, hurtos y fleteos.
Frente a este panorama, líderes de opinión y ciudadanos reiteran que Bucaramanga necesita un cambio urgente, y que los debates deben ser escenarios de verdad, no de simulacro. Aspirar a gobernar no puede ser el capricho de terceros ni una representación en cuerpo ajeno. La ciudad merece un alcalde que conozca su realidad, que la enfrente con valentía y que devuelva la tranquilidad a sus habitantes.








