Bucaramanga registró en febrero un leve respiro en el costo de vida, al cerrar el mes con una inflación anual de 5,80%, cifra inferior a la observada en enero y que muestra una ligera desaceleración de precios en la capital santandereana. Aunque sigue ubicada entre las ciudades con mayor inflación del país, este descenso permitió que bajara al tercer lugar en el ranking nacional.
De acuerdo con las cifras oficiales, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mensual en Bucaramanga fue de 0,95%, por debajo del promedio nacional, lo que indica que la variación de los precios en la ciudad fue algo más moderada que en el conjunto del país. Este comportamiento refleja un entorno de menor presión inflacionaria frente a los picos registrados en años recientes.
Los sectores que más empujaron al alza el indicador fueron los almuerzos populares o “corrientazos”, la educación preescolar y básica primaria y los arriendos de vivienda, que en conjunto explican una parte importante del resultado mensual. El aumento en estos rubros golpea especialmente el bolsillo de los hogares de ingresos medios y bajos, que destinan buena parte de su presupuesto a alimentación, educación y alojamiento.
En contraste, el mayor alivio provino de la reducción en los precios de la gasolina, el gas y la energía eléctrica, que restaron presión al índice general. La rebaja aplicada al precio del galón de gasolina, junto con ajustes a la baja en las tarifas de gas y electricidad, permitió compensar parcialmente los incrementos en otros bienes y servicios. Este comportamiento contribuyó a que Bucaramanga no escalara más posiciones entre las ciudades con mayor inflación anual.
Pese a este respiro, los analistas advierten que el nivel de inflación sigue siendo elevado para los estándares históricos y que el costo de vida continúa siendo un desafío para los hogares bumangueses. La evolución de los precios de alimentos, arriendos y servicios públicos en los próximos meses será clave para determinar si la ciudad consolida una tendencia de desaceleración o si, por el contrario, el alivio observado en febrero resulta pasajero.








