Obtener un buen resultado en el Icfes puede abrir algunas puertas, pero también es importante recordar que un puntaje no define el futuro de un estudiante.
Después de conocer los resultados llega una decisión mucho más compleja: ¿qué estudiar, dónde hacerlo y cómo financiarlo?
Hoy los jóvenes no solo parecen preguntarse qué carrera les gusta. También miran las posibilidades de empleo, los ingresos que puede ofrecer una profesión, el costo de la formación y, en muchos casos, la posibilidad de permanecer en Bucaramanga o tener que trasladarse a otra ciudad.
La vocación sigue siendo importante, pero ya no parece ser el único criterio. El mercado laboral y la realidad económica de cada familia también hacen parte de la conversación.
Y hay otro grupo del que poco se habla cuando llegan los resultados: los estudiantes que no obtuvieron el puntaje que esperaban o que no alcanzaron los requisitos de la opción que tenían en mente.
Para ellos, el camino no debería terminar con un resultado que no cumplió sus expectativas. Existen diferentes rutas de formación y posibilidades para replantear el proyecto, cambiar de programa, buscar otras alternativas o avanzar paso a paso hacia una profesión.
Quizás por eso el Icfes debería entenderse como una fotografía de un momento y no como una sentencia sobre lo que un joven puede llegar a ser.
Mientras algunos estudiantes ya tienen claro su siguiente paso, otros necesitarán tiempo para descubrirlo. Y ambas situaciones son válidas.
Porque después de responder las preguntas del Icfes llega una pregunta mucho más difícil: qué hacer con las oportunidades, las capacidades y las posibilidades que cada uno tiene.
El resultado del Icfes ya está. Para algunos jóvenes será una puerta que se abre; para otros, una señal para buscar un camino diferente. Pero todos tienen por delante la oportunidad de construir su propio proyecto de vida.
Y queda una pregunta para todos: ¿el Icfes define el futuro de un joven o apenas es el comienzo del camino?







