En un giro inesperado que sacude el debate ambiental en Colombia, el multimillonario Anant Ambani propone trasladar al menos 80 hipopótamos de la cuenca del Magdalena a su gigantesco santuario Vantara en Gujarat, India, para evitar su sacrificio ordenado por el Gobierno nacional. Esta controvertida iniciativa surge como alternativa ética a la eutanasia autorizada recientemente por el Ministerio de Ambiente, que busca frenar la expansión descontrolada de estos animales descendientes de los importados por Pablo Escobar en los años 80, cuya población supera ya los 200 individuos y amenaza ríos, ecosistemas y comunidades locales.
Ambani, hijo del magnate Mukesh Ambani y apasionado por la conservación, argumenta que los hipopótamos «son seres vivos que no eligieron su destino» y se compromete a cubrir todos los costos de captura, transporte logístico y adaptación en su reserva de más de 1.400 hectáreas, equipada para albergar mamíferos grandes como elefantes. La propuesta incluye el cumplimiento estricto de protocolos internacionales CITES, sanitarios y bajo términos definidos por las autoridades colombianas, posicionando a Vantara como un refugio ideal gracias a su experiencia en rescates globales.
Sin embargo, el plan enfrenta serios obstáculos: la captura de estos animales territoriales y agresivos es compleja y costosa —se estiman millones de dólares por ejemplar—, sumada a regulaciones estrictas y dudas sobre su adaptación a un nuevo hábitat. Autoridades del MinAmbiente han rechazado ideas similares en el pasado, como traslados a India o México desde 2023, priorizando la eutanasia ante proyecciones de que la manada podría alcanzar 500 individuos para 2030 si no se interviene. Ambientalistas y expertos debaten entre la sensibilidad ética y la urgencia científica para proteger la biodiversidad colombiana.
Hasta el momento, la propuesta de Ambani está en evaluación por el Gobierno del presidente Petro, avivando un dilema nacional que podría redefinir el futuro de estos «herederos indeseados» de Escobar. ¿Salvación transcontinental o utopía inviable? Colombia espera respuesta.








