A solo días de que Bucaramanga conozca el nombre del nuevo alcalde que completará el periodo hasta 2027, una renuncia sacude el gabinete local: la médica Claudia Mercedes Amaya, reconocida por su trayectoria impecable en el sector salud, presentó su dimisión irrevocable como secretaria de Salud del municipio.
Amaya, quien ha liderado esta cartera en dos ocasiones y también fue secretaria de Salud de Santander, deja el cargo en medio de un ambiente institucional que, según sus propias palabras, se volvió “insostenible”. La ausencia prolongada de un subsecretario desde el pasado 5 de noviembre multiplicó su carga laboral al punto de comprometer la calidad de los procesos. “Me gusta la excelencia, pero con tanto trabajo puedo fallar”, confesó.
Sobreviviente de cáncer de mama, Amaya es una figura profundamente respetada por la comunidad médica y científica de Santander. Su salida, sin embargo, no parece obedecer únicamente a razones operativas. En círculos políticos y ciudadanos crece la inquietud sobre los obstáculos que habría enfrentado para continuar en su cargo, justo cuando el alcalde encargado —cuyo periodo provisional culmina este domingo 14 de diciembre con la elección del nuevo mandatario— concentra decisiones clave en medio de su salida inminente.
La renuncia de Amaya no solo deja un vacío en la dirección del sector salud, sino que plantea preguntas de fondo: ¿por qué se prescindió de una funcionaria con experiencia, legitimidad y respaldo ciudadano? ¿Qué intereses se movieron tras bambalinas para impedir su permanencia? ¿Qué mensaje se envía a quienes han hecho de lo público un ejercicio ético y comprometido?
Mientras la ciudad espera el desenlace electoral, la salida de Claudia Amaya se convierte en un llamado de atención sobre la fragilidad institucional y la necesidad de proteger a quienes, como ella, han hecho de la salud pública una causa de vida.








