Desde la capital noruega, la dirigente opositora venezolana María Corina Machado ofreció una rueda de prensa internacional en la que compartió sus reflexiones tras haber salido de su país y participar en los actos relacionados con el Premio Nobel de la Paz. Acompañada por Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Nobel, Machado expresó su compromiso de retornar a Venezuela “para llevar el premio de vuelta” y continuar su lucha por la democracia.
Durante su intervención, la líder política subrayó que su prioridad es contribuir a la reconstrucción institucional del país, debilitado —según afirmó— por años de autoritarismo. “Sin seguridad jurídica ni garantías democráticas, ningún país puede avanzar. Necesitamos asegurar educación, salud y protección para los más vulnerables”, señaló, al tiempo que agradeció a las naciones que han acogido a millones de migrantes venezolanos, con la esperanza de que algún día puedan regresar.
Machado también insistió en que el reconocimiento internacional que ha recibido no le pertenece solo a ella, sino a todos los ciudadanos que han defendido el derecho al voto y la soberanía popular. “Cada persona que me encuentro en Oslo me dice que ya está lista para volver, que sueña con una Venezuela que se sienta orgullosa de su gente”, expresó con emoción.
Sin embargo, su liderazgo no está exento de controversia. Algunos sectores venezolanos la acusan de promover una intervención extranjera, en particular por parte de Estados Unidos. Ante estas críticas, Machado fue enfática:
“El pueblo venezolano votó masivamente el 28 de julio de 2024 y eligió a González Urrutia como presidente legítimo. Ha sido el régimen de Maduro el que ha declarado la guerra a su propia gente, con prácticas que organismos internacionales han calificado como terrorismo de Estado y crímenes de lesa humanidad”.
La dirigente también denunció la presencia de actores extranjeros y grupos armados en territorio venezolano. Según ella, agentes rusos e iraníes, así como organizaciones como Hezbolá y Hamás, operan con libertad bajo la protección del gobierno. A esto se suman —dijo— carteles del narcotráfico y redes de trata de personas, lo que ha convertido a Venezuela en “el epicentro criminal del continente”.








