Tibú, Norte de Santander – noviembre 15 de 2025.Pese a los esfuerzos del Estado por consolidar una paz definitiva, los grupos armados ilegales continúan sembrando muerte y dolor en los territorios. Esta vez, el país llora la pérdida de Andrés Miguel García Montes, un joven campesino y soldado profesional que decidió servirle a la Patria y fue asesinado en medio de combates en el municipio de Tibú, Norte de Santander.
La Fuerza de Tarea Vulcano, unidad orgánica de la Segunda División del Ejército Nacional, confirmó que tropas del Batallón de Operaciones Terrestres N.° 11 sostuvieron enfrentamientos con presuntos integrantes del grupo armado organizado residual (GAO-r) Estructura 33, en una operación ofensiva en zona rural de Tibú.
En esta acción terrorista, el soldado García Montes, oriundo de Planeta Rica, Córdoba, perdió la vida en cumplimiento del deber. Su muerte enluta no solo a su familia humilde, sino a todo un país que rechaza con firmeza los hechos violentos que siguen arrebatando vidas de jóvenes que optan por el camino del servicio y la legalidad.
El Ejército Nacional expresó sus más profundas condolencias a los familiares del soldado y aseguró que un equipo interdisciplinario está brindando el acompañamiento necesario en este difícil momento.
Las operaciones militares continúan en la zona con el objetivo de contrarrestar las acciones criminales y garantizar la seguridad de las comunidades del Catatumbo, una región históricamente golpeada por el conflicto armado
Convocatoria a la vida y al liderazgo por la paz
La muerte de Andrés Miguel García Montes no puede ser una cifra más en el largo conteo de víctimas del conflicto. Su historia, la de un joven campesino que eligió servir a Colombia, nos interpela como sociedad. Hoy, más que nunca, es urgente que los líderes sociales, las juventudes, las autoridades locales y las comunidades organizadas levanten la voz contra la violencia que sigue arrebatando vidas en nuestros territorios.
Desde cada vereda, barrio y aula, desde cada cabildo, colectivo y red de participación, hagamos memoria activa y defendamos el derecho a vivir sin miedo. Que el dolor de esta pérdida se transforme en fuerza para exigir garantías, construir paz territorial y proteger a quienes eligen el camino del servicio y la legalidad.
Porque la vida de un joven campesino vale más que cualquier guerra, y porque la paz no se firma solo en los escritorios: se cultiva en el corazón de cada comunidad.








