Gilberto Herrero Moreno, un taxista de 60 años, fue asesinado en la noche del sábado en el Norte de Bucaramanga, en circunstancias que aún son materia de investigación por parte de las autoridades. El crimen, que sacude a la comunidad y al gremio transportador, ocurrió en una zona donde, según testigos, se escucharon disparos y se observó movimiento de motocicletas.
La víctima, reconocida por sus colegas como un hombre trabajador y respetuoso, fue hallada sin vida dentro de su vehículo. Hasta el momento, no se ha confirmado la hora exacta del hecho ni se han revelado detalles sobre los móviles del asesinato.
Este caso revive una preocupación latente: hacía varios meses no se registraba en Bucaramanga un homicidio contra un taxista, lo que había sido interpretado como un signo de mejora en las condiciones de seguridad para el gremio. Sin embargo, este nuevo episodio pone en alerta a los conductores, quienes exigen medidas urgentes de protección.
“No podemos seguir trabajando con miedo. Necesitamos garantías reales, no solo promesas”, expresó uno de los voceros del gremio de taxistas del Área Metropolitana, en declaraciones preliminares a medios locales.
“Cada día salimos sin saber si volveremos. No tenemos garantías, pero tenemos familias que alimentar. Gilberto no era solo un taxista, era padre, esposo, amigo. Su muerte no puede ser una cifra más”, expresó con dolor uno de sus compañeros, mientras sostenía el volante como quien abraza una ausencia.
El asesinato deja una familia rota, una comunidad en duelo y un gremio que exige ser visto como lo que es: seres humanos que trabajan en condiciones precarias, expuestos al acecho constante de la delincuencia. Este crimen no solo enluta a una familia, sino que reabre una herida colectiva que exige reparación.
La Policía Metropolitana de Bucaramanga adelanta las investigaciones y ha solicitado la colaboración ciudadana para esclarecer los hechos. Se espera que en las próximas horas se emita un comunicado oficial por parte del gremio y las autoridades.








