Entre los bosques montanos que abrazan los límites de Boyacá y Santander, donde la niebla acaricia robles centenarios y el silencio guarda secretos botánicos, ha florecido una nueva joya de la biodiversidad colombiana: la Pleurothallis velosana. Esta orquídea endémica, de distribución restringida y belleza discreta, fue descubierta en altitudes entre los 2.500 y 2.800 metros sobre el nivel del mar, en zonas comprendidas entre Arcabuco (Boyacá) y Virolín (Santander), muy cerca de donde muchos de nosotros habitamos y soñamos.
Un hallazgo que une ciencia y cultura
La historia comenzó en 2022, cuando John Freddy Rojas Molina, habitante de la región, fotografió una orquídea desconocida. La imagen llegó a manos del biólogo Mario Alexei Sierra Ariza, estudiante de maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad del Tolima, quien junto al profesor Mark Wilson del Colorado College, confirmó que se trataba de una especie inédita. Tras recorridos adicionales, análisis comparativos y estudios minuciosos, el hallazgo fue publicado el 19 de agosto de 2025 en la revista Phytotaxa, referente mundial en nomenclatura botánica.
La Pleurothallis velosana pertenece a la subsección Macrophyllae-Fasciculatae, dentro del género Pleurothallis, que cuenta con más de 500 especies en el neotrópico, 260 de ellas en Colombia. Lo que la distingue es la forma de su labelo y su estructura floral, además de su hábitat epífito en la base de robles Quercus humboldtii, rodeada de líquenes y musgos en ambientes húmedos y sombríos.
Una flor vulnerable en la Serranía del Peligro
Hasta ahora, se han registrado solo cinco poblaciones, principalmente dentro del Parque Natural Regional Serranía del Peligro. Su área de ocupación es de apenas 11 km², lo que la convierte en una especie vulnerable. Aunque su estado de conservación está catalogado como “datos deficientes”, los investigadores insisten en la urgencia de proteger estos ecosistemas andinos.
¿Por qué “velosana”?
El nombre de esta orquídea rinde homenaje a Jorge Luis Velosa Ruiz, músico, compositor, escritor y médico veterinario, considerado el creador de la carranga y símbolo de la tradición campesina colombiana. Para los autores del estudio, dedicarle esta flor es “una forma de reconocer cómo la identidad cultural y la biodiversidad pueden dialogar en un mismo símbolo”.
Desde Santander, este descubrimiento nos toca doblemente: por la cercanía geográfica y por el profundo vínculo entre naturaleza y memoria. Que esta orquídea nos inspire a seguir cuidando lo que somos y lo que florece en silencio.









