Santander se ha consolidado como uno de los departamentos con los mayores avances en seguridad alimentaria, según el más reciente informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Mientras que a nivel nacional la inseguridad alimentaria afecta al 25,5% de los hogares, Santander registró una de las tasas más bajas del país, con un 16,2%, solo superado por Caldas.
El impacto positivo en el departamento es evidente: en 2023, la inseguridad alimentaria alcanzaba el 23%, pero en 2024 este porcentaje se redujo significativamente, lo que representa una mejora para 177.000 personas que dejaron de estar en condiciones de vulnerabilidad alimentaria. Este avance coincide con una disminución en la tasa de nacimientos con bajo peso y en la mortalidad infantil por desnutrición.
Sin embargo, los desafíos persisten
En el último año, el 31% de los hogares santandereanos manifestó preocupación por la falta de alimentos, mientras que el 25% no pudo acceder a una dieta saludable y nutritiva. Además, el 16,5% de los encuestados afirmó haber consumido menos de lo que necesitaban, y el 10,4% reportó que al menos un miembro del hogar tuvo que omitir una comida.
Ante este panorama, la Gobernación de Santander, en alianza con la Universidad de Santander (UDES) y la Coalición para la Alimentación y Uso del Suelo (FOLU), ha lanzado la Hoja de Ruta para la Transformación de los Sistemas Alimentarios, un plan que busca garantizar la seguridad alimentaria mediante un enfoque integral que abarca desde la producción hasta el consumo.
Entre los puntos clave de la estrategia se destacan la actualización de los planes de ordenamiento territorial, dado que el 73% de los municipios bajo la jurisdicción de la Corporación Autónoma de Santander (CAS) aún no cuenta con planes actualizados. También se propone la reactivación de la producción de fertilizantes, el fortalecimiento de la seguridad alimentaria en las ciudades y el campo, la mitigación de riesgos por desastres naturales y el control de los precios de la energía, especialmente el gas.
La implementación efectiva de estos programas, junto con la incorporación de indicadores de nutrición en los planes de alimentación escolar, podría convertir a Santander en un modelo de territorio saludable y libre de hambre en Colombia.
Los 87 municipios de Santander enfrentan el reto de consolidar un sistema alimentario sostenible que garantice el acceso equitativo a alimentos nutritivos para toda la población. La falta de actualización en los planes de ordenamiento territorial, el impacto de los precios de energía y gas, y la necesidad de fortalecer la producción agrícola local siguen siendo desafíos fundamentales. Además, la seguridad alimentaria debe ir de la mano con estrategias de educación nutricional y mejora en los programas de alimentación escolar, asegurando que los avances logrados no solo se mantengan, sino que continúen reduciendo las brechas existentes. Santander tiene el potencial de ser un modelo en el país, pero para ello es imprescindible la articulación efectiva entre el gobierno, las instituciones y la comunidad.








