Bogotá, Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella — En un acto cargado de simbolismo, música y expresión colectiva, el presidente Gustavo Petro sancionó la Ley Artes al Aula, una normativa que marca un antes y un después en la historia educativa del país. Por primera vez, Colombia reconoce por mandato legal que la educación artística no es un lujo ni un complemento, sino un derecho cultural fundamental para la formación integral, la ciudadanía y la construcción de paz.
La ley, piedra angular del Programa Presidencial Artes para la Paz, garantiza la incorporación transversal de las artes en todas las instituciones educativas del país. Su objetivo: potenciar las capacidades creativas, expresivas y socioemocionales de niñas, niños y jóvenes, y hacer de las culturas, las artes y los saberes herramientas vivas para la transformación social.
Un acto con arte, memoria y futuro
La jornada de presentación fue una celebración de la diversidad creativa del país. Desde la danza afrocolombiana de Sankofa hasta el hip hop juvenil, pasando por la Orquesta Sinfónica Nacional y un fragmento de Medea dirigido por Jimmy Rangel, el evento demostró que el arte no solo educa: también sana, moviliza y une.
Acompañaron al presidente los ministros Yannai Kadamani (Culturas, Artes y Saberes) y Daniel Rojas (Educación Nacional), junto al representante a la Cámara Duvalier Sánchez, autor e impulsor de la ley. Todos coincidieron en que esta norma es una apuesta decidida por una educación más humana, crítica y conectada con los territorios.
De la norma al aula: una política pública con enfoque territorial
La Ley Artes al Aula establece los lineamientos de una política pública liderada conjuntamente por los ministerios de Cultura y Educación, en el marco del Sistema Nacional de Educación Artística y Cultural (SINEFAC). Entre sus compromisos clave se destacan:
• La formación docente en metodologías artísticas y culturales.
• La articulación entre escuelas y ecosistemas culturales locales.
• La expansión de escenarios de aprendizaje más allá del aula tradicional.
Este enfoque reconoce que el arte no solo se enseña: se vive, se comparte y se construye en comunidad.
Una conquista para la infancia y la juventud
En un país donde históricamente las artes han sido relegadas en el currículo escolar, esta ley representa una victoria para millones de niñas, niños y jóvenes que hoy encuentran en la creación artística una vía legítima para expresarse, sanar y participar activamente en la vida pública.
Con esta sanción, la educación artística deja de depender de voluntades aisladas y se convierte en política de Estado. Un paso firme hacia una Colombia donde el arte no sea un privilegio, sino un derecho que florece en cada aula, en cada barrio, en cada territorio.








