La cultura colombiana despide con gratitud y duelo a una de sus voces más lúcidas y comprometidas: la artista, historiadora y crítica de arte Beatriz González, nacida en Bucaramanga en 1932, falleció este viernes en Bogotá a los 93 años.
Figura central del arte latinoamericano contemporáneo, González dedicó más de seis décadas a interpelar la historia nacional desde una estética profundamente crítica y popular. Su obra, reconocida por reinterpretar imágenes del poder y del dolor colectivo, se convirtió en un espejo incómodo y necesario para el país.
Entre sus intervenciones más recordadas está Auras Anónimas (2009), una instalación monumental en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, donde estampó siluetas de cargueros de muertos sobre 8.957 nichos abandonados. Con ese gesto, transformó un espacio de olvido en un lugar de duelo y memoria activa.
Beatriz González fue también una de las fundadoras del Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y una formadora de generaciones de artistas y pensadores. Su legado trasciende los museos: está en las aulas, en las calles, en los archivos y en las luchas por la verdad.
Desde Santander, su tierra natal, se multiplican los homenajes. Jóvenes artistas, docentes y colectivos culturales han convocado a una velatón en la plazoleta Luis Carlos Galán de Bucaramanga, este sábado a las 6:00 p.m., para celebrar su vida y sembrar su memoria en nuevas generaciones.
“Beatriz nos enseñó que el arte no es evasión, sino herramienta para mirar de frente lo que duele. Su obra es una pedagogía de la empatía”, expresó la Red de Mujeres Artistas del Oriente.
La maestra deja una obra vasta, incómoda y luminosa. Pero sobre todo, deja una pregunta abierta: ¿qué haremos con la memoria que nos confió.








