El nivel del afluente llegó a 1,60 metros el 8 de octubre, mientras comunidades rurales enfrentan dificultades para acceder al agua. La atención se centra ahora en la evolución del río y las medidas que podrían activarse si la sequía se prolonga.
La disminución del nivel del río Magdalena mantiene en alerta a Barrancabermeja. El reporte de la Alcaldía del 8 de octubre registró una altura de 1,60 metros a las 3:00 de la tarde, diez centímetros menos que en la medición de la mañana. La administración mantiene la alerta roja por sequía y continúa el seguimiento a las condiciones del afluente.
Sin embargo, la emergencia va más allá de la medición diaria. En la zona rural, la falta de agua ya afecta a numerosas familias. La Alcaldía informó que más de 1.000 familias de más de 13 veredas enfrentan dificultades por la sequía, situación que llevó a impulsar la campaña Échele Agua al Campo, con una meta de recolección cercana a los 200.000 litros de agua potable.
Uno de los puntos críticos es Ciénaga del Opón, donde alrededor de 300 familias de esta comunidad y sus siete veredas enfrentan dificultades por el agotamiento de pozos artesanales y los problemas de conexión con el río. El descenso del caudal no solo complica el acceso al recurso hídrico, sino que también puede dificultar la movilidad fluvial de quienes dependen de este corredor para sus actividades cotidianas.
Frente a este panorama, una de las principales preguntas es cuánto podría seguir bajando el río y qué capacidad tiene el municipio para responder a un escenario más prolongado. Declaraciones del director de Gestión del Riesgo recogidas por medios regionales han advertido sobre la posibilidad de que las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño se extiendan hasta febrero o marzo de 2027. Esta proyección hace necesario mantener el seguimiento, sin asumir que la intensidad de la sequía será constante durante todo ese periodo.
Otro punto que requiere claridad es el abastecimiento del casco urbano. Aunque las afectaciones rurales están documentadas, no se ha confirmado que el registro de 1,60 metros haya comprometido la captación o la distribución de agua potable en la ciudad. Por eso, conocer el estado de las fuentes de abastecimiento, la operación de la planta de tratamiento y los planes de contingencia de Aguas de Barrancabermeja resulta fundamental para dimensionar el alcance real de la emergencia.
La respuesta de las autoridades será determinante si el nivel del Magdalena continúa descendiendo. La disponibilidad de agua para las comunidades rurales, las alternativas de suministro y los criterios para activar nuevas medidas son asuntos que requieren información precisa de Gestión del Riesgo y del operador del acueducto.
Por ahora, el descenso del río deja una advertencia para Barrancabermeja: la emergencia no se mide únicamente en centímetros, sino en la capacidad de garantizar agua a las comunidades que más la necesitan. El reto es anticiparse a un escenario más difícil y evitar que la escasez siga ampliando sus efectos sobre la vida rural y el abastecimiento del municipio.







