La creciente ola de ataques sicariales en Bucaramanga y su área metropolitana volvió a encender las alertas de las autoridades y de la ciudadanía, tras una seguidilla de homicidios registrados en los últimos días que reflejan un preocupante panorama de violencia urbana asociado, en varios casos, al microtráfico, ajustes de cuentas y disputas entre estructuras delincuenciales.
El caso que más impacto ha generado ocurrió en el barrio Villa Helena I, en el norte de Bucaramanga, donde fueron asesinados los hermanos Jorge Luis y Jaime Andrés Galvis Fula mientras permanecían frente a una vivienda del sector. Según las investigaciones preliminares, un hombre armado llegó hasta el lugar y disparó en repetidas ocasiones antes de huir en motocicleta junto a un cómplice.
La gravedad del hecho aumentó luego de conocerse que una de las víctimas cumplía una condena bajo vigilancia electrónica del INPEC por porte ilegal de armas. Además, ambos registraban antecedentes judiciales relacionados con tráfico de estupefacientes, hurto y otros delitos, elementos que fortalecen la hipótesis de un posible ajuste de cuentas ligado a economías criminales.
Pero este no ha sido un caso aislado. En menos de 24 horas se reportaron varios homicidios en Bucaramanga y municipios vecinos, situación que ha elevado la percepción de inseguridad entre los habitantes del área metropolitana. Informes difundidos por medios regionales señalan que durante los primeros meses de 2026 ya se contabilizan más de 30 homicidios en Bucaramanga y su entorno cercano, varios de ellos bajo modalidad sicarial.
Las cifras oficiales también muestran que, aunque Bucaramanga ha mantenido históricamente indicadores inferiores frente a otras grandes ciudades del país, la violencia homicida continúa siendo una de las principales preocupaciones urbanas.
Expertos en seguridad advierten que el sicariato ha evolucionado en Colombia y ya no responde únicamente a disputas entre grandes organizaciones criminales. Hoy, los asesinatos por encargo también están ligados a redes locales de microtráfico, cobro de deudas ilegales, control territorial y retaliaciones entre pequeñas estructuras delincuenciales.
En Bucaramanga, las autoridades reconocen que barrios del norte y algunos sectores periféricos presentan mayores riesgos por presencia de redes dedicadas al expendio de drogas, fenómeno que estaría detrás de varios asesinatos recientes. La Policía Metropolitana mantiene operativos de control y labores de inteligencia para identificar a los responsables y evitar retaliaciones.
Sin embargo, líderes comunitarios y analistas consideran que el problema va más allá de las capturas. Aseguran que la ciudad enfrenta un fenómeno de criminalidad más complejo, marcado por el reclutamiento de jóvenes para actividades ilícitas, el aumento del tráfico local de drogas y la facilidad para acceder a armas de fuego.
Mientras avanzan las investigaciones por los recientes homicidios en Bucaramanga y Barrancabermeja, el temor vuelve a instalarse entre los ciudadanos, que observan cómo el sicariato reaparece con fuerza en sectores residenciales y espacios públicos, dejando en evidencia los desafíos que aún persisten en materia de seguridad y convivencia en Santander.








