Después de más de una década de interrupciones en los intercambios mineroenergéticos, Colombia ha dado un paso histórico al recibir el primer cargamento de gas licuado de petróleo (GLP) proveniente de Venezuela. Este fin de semana, camiones cisterna cargados con más de 900.000 litros diarios cruzaron el puente internacional Simón Bolívar en Cúcuta, transportando el combustible desde el estado venezolano de Táchira hasta el departamento de Norte de Santander y otras zonas del país.
La estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) impulsó esta operación con una donación inicial, tal como lo anunció la vicepresidenta y presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien la enmarcó como el comienzo de una agenda energética conjunta entre los gobiernos de Gustavo Petro y el venezolano. Este flujo representa la primera transacción binacional de hidrocarburos desde 2015, cuando problemas estructurales y tensiones políticas sacaron de operación el gasoducto Antonio Ricaurte, que conecta La Guajira colombiana con el Zulia venezolano.
En recientes reuniones de alto nivel celebradas en Caracas —donde participaron ministros como el colombiano de Minas y Energía, Edwin Palma, y la canciller Rosa Villavicencio, junto a sus contrapartes venezolanas—, se priorizó la rehabilitación de esa infraestructura clave, inactiva por fallas técnicas agravadas por sanciones económicas impuestas por Estados Unidos. El Ministerio de Minas y Energía colombiano calcula que, de consolidarse esta integración, los precios del GLP podrían caer hasta un 50%, un alivio significativo considerando que el país importa alrededor del 20% del gas que consume para hogares, comercios pequeños y vehículos, principalmente vía regasificación en Cartagena.
Sin embargo, expandir estos envíos terrestres enfrenta obstáculos regulatorios: la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de EE.UU. exige licencias especiales para cualquier operación comercial con entidades venezolanas sancionadas. Esta limitación se hizo evidente cuando Petro planteó un arancel cero para el comercio energético bilateral, idea rechazada por Rodríguez, quien argumentó la desigualdad impuesta por las restricciones internacionales y solicitó su levantamiento para competir en pie de igualdad. Aunque una cumbre prevista entre Petro y Rodríguez en la frontera se canceló por motivos de seguridad, las delegaciones avanzaron en temas de comercio, turismo y energía.
Los próximos avances se definirán en la Comisión Binacional de Buena Vecindad, agendada para el 23 y 24 de abril en Maracaibo, donde se espera concretar mecanismos para estabilizar el suministro y explorar exportaciones adicionales, como gas natural seco compatible con las normas colombianas. Este desarrollo no solo reactiva lazos fronterizos, sino que podría transformar la matriz energética regional, reduciendo costos y dependencias externas en un contexto de creciente demanda interna.








