Finalizando el mes de diciembre, la Gobernación de Santander y la Alcaldía de Bucaramanga entregaron un nuevo bloque de vehículos a la Policía y el Ejército. Once motocicletas, de las cuales diez serán visibles en las calles y una operará en labores de inteligencia, fueron presentadas como un paso firme hacia el fortalecimiento de la seguridad ciudadana. Pero más allá del acto protocolario y las cifras oficiales, la pregunta que resuena en los barrios, corregimientos y veredas es clara: ¿cuándo se notará esta inversión en nuestras vidas?
Porque la inseguridad no es una estadística: es el miedo de la madre que no deja salir a su hijo al parque, del tendero que cierra antes de tiempo, del joven que evita ciertas rutas por temor a ser atracado. Es la sensación de abandono que se respira en las zonas rurales, donde la presencia del Estado se mide en kilómetros de distancia y en la frecuencia con que se escuchan disparos en la noche.
Las comunidades no piden milagros, pero sí coherencia. Si se destinan recursos públicos para dotar a la fuerza pública, lo mínimo que se espera es que esa inversión se traduzca en presencia efectiva, en patrullajes constantes, en tiempos de respuesta que no se midan en horas. Que las motos no se queden parqueadas en los comandos ni se conviertan en trofeos de gestión. Que rueden por las calles polvorientas de los corregimientos, por las lomas de las comunas, por los caminos veredales donde también se necesita protección.
La seguridad no se decreta, se construye. Y se construye con confianza, con cercanía, con resultados. Las motocicletas entregadas esta semana son una herramienta valiosa, pero su verdadero valor se medirá en la tranquilidad que logren devolverle a la gente. Porque la paz no se impone: se gana, se cuida y se honra.
Hoy, desde las voces de quienes habitan los territorios más golpeados por la violencia y el abandono, hacemos un llamado: que esta inversión no sea solo una noticia de cierre de año, sino el inicio de una presencia estatal que se sienta, que escuche y que actúe. Que las motos no se queden en la foto.








