Este domingo 14 de diciembre, Bucaramanga define en las urnas el rumbo de su gerencia pública. Pero mientras los candidatos se disputan el poder, hay un tema que brilla por su ausencia en sus agendas: el Sistema de Transporte Masivo. ¿Dónde están las propuestas concretas para rescatar a Metrolínea del abismo? ¿Por qué nadie se atreve a hablar con claridad de un servicio que, aunque moribundo, sigue siendo vital para miles de ciudadanos?
El reciente llamado del gerente de Metrolínea, Emiro J. Castro M., a los alcaldes del Área Metropolitana no es solo una súplica institucional. Es un grito que evidencia lo que muchos ya sentimos: a los mandatarios locales parece importarles poco —o nada— la sostenibilidad de un sistema que debería ser columna vertebral de la movilidad urbana. “La articulación entre los gobiernos locales es clave”, dijo el gerente. Pero esa articulación no se ve. Ni en los presupuestos, ni en las prioridades, ni en las campañas.
Mientras tanto, las estaciones se caen a pedazos. Literalmente. Hay miedo de ingresar a muchas de ellas por la inseguridad reinante. La infraestructura abandonada se ha convertido en símbolo de la desidia, del fracaso compartido, del olvido institucional. Y la ciudadanía se pregunta, con razón: ¿qué pasó con el Sistema de Transporte Masivo de Bucaramanga? ¿Dónde están los responsables del descalabro? ¿Cuántas investigaciones más se necesitan para que alguien asuma la culpa? ¿Dónde están los entes de control que deberían velar por la transparencia y castigar la corrupción?
En otras ciudades, con crisis similares, los sistemas siguen funcionando. Con dificultades, sí, pero con voluntad política. Aquí, en cambio, reina el silencio. Un silencio que duele. Que indigna. Que nos condena a seguir esperando buses que no llegan, a caminar por estaciones fantasmas, a resignarnos a un transporte fragmentado, costoso y peligroso.
El sistema es de todos, sí. Pero sostenerlo no puede ser solo responsabilidad del usuario que paga el pasaje. También —y sobre todo— de quienes gobiernan. De quienes legislan. De quienes aspiran a dirigir esta ciudad. Bucaramanga no puede seguir siendo la excepción que confirma la regla del abandono.
Este domingo, votamos. Y con el voto, también exigimos. Que el transporte público vuelva a ser prioridad. Que se escuche el clamor de los barrios. Que se recupere la confianza. Porque sin movilidad digna, no hay ciudad posible.








