El anuncio del alcalde encargado Javier Augusto Sarmiento, sobre el encendido del alumbrado navideño el 14 de diciembre, cayó como un baldado de agua fría sobre una ciudad que, por tradición, celebra la noche de velitas como el inicio oficial de la Navidad. ¿Cómo entender que Bucaramanga, con toda su historia de encendidos el 7 o incluso el 6 de diciembre, se vea obligada a esperar hasta mitad de mes para ver sus parques iluminados?
La respuesta, según el propio mandatario, está en el contrato firmado por la administración anterior con una empresa de Sabaneta, Antioquia. Una firma que, además de llegar tarde, parece desconocer el pulso emocional y cultural de los bumangueses. ¿Por qué se contrató con esta empresa y no con la Electrificadora de Santander (ESSA), que ha demostrado durante años su capacidad técnica y sensibilidad local? ¿Por qué no se consideró a EPM, con su experiencia nacional en alumbrados emblemáticos?
Lo que está en juego no es solo el alumbrado, sino la confianza. El alcalde (e) visitó la bodega donde se elaboran las figuras navideñas y expresó su preocupación por los retrasos. Exigió que el encendido se realice el 6 de diciembre, como antesala al 8, pero la empresa contratista respondió que es “imposible”. ¿Imposible para quién?
¿Para una firma que no conoce la ciudad, sus ritmos, sus afectos?
Los bumangueses tienen derecho a exigir explicaciones al exalcalde Jaime Andrés Beltrán Martínez. ¿Qué criterios se usaron para adjudicar este contrato? ¿Por qué se ignoró la experiencia local? ¿Hubo estudios comparativos, análisis de tiempos, garantías de cumplimiento?
Esta columna no busca señalar, sino convocar. Convocar a la ciudadanía a preguntar, a exigir transparencia, a defender sus tradiciones. Convocar a los líderes a rendir cuentas, no solo administrativas, sino afectivas. Porque la Navidad en Bucaramanga no es un trámite: es una promesa de encuentro, de belleza compartida, de memoria encendida.
Y esa promesa no puede esperar hasta el 14 de diciembre.








