No solo fue el cantante. En la tragedia aérea del 10 de enero entre Paipa y Duitama, también murieron cinco hombres cuyas historias merecen ser contadas. Este es un homenaje a quienes partieron en silencio, pero no sin huella.
El pasado 10 de enero, una avioneta de matrícula N325FA se precipitó a tierra poco después de despegar del aeropuerto de Paipa, en Boyacá. El siniestro, que cobró la vida del reconocido cantante Yeison Jiménez, también dejó otras cinco víctimas: el capitán Hernando Torres y los jóvenes Juan Manuel Rodríguez, Óscar Marín, Jéfferson Osorio y Weisman Mora.
Óscar Marín, oriundo de Victoria (Caldas), era el asistente personal del artista. Su labor, silenciosa pero esencial, lo convirtió en un pilar del equipo de trabajo de Jiménez. Jéfferson Osorio, nacido en Manzanares, ejercía como representante del cantante. Su compromiso con la carrera del artista lo llevó a acompañarlo en cada paso, incluso en ese último vuelo.
Juan Manuel Rodríguez y Weisman Mora, también jóvenes integrantes del equipo, compartían la pasión por la música y el sueño de crecer junto a un proyecto artístico que los inspiraba. Sus nombres, aunque menos conocidos, representan a cientos de trabajadores del espectáculo que sostienen con esfuerzo y dedicación la industria cultural del país.
El piloto, capitán Hernando Torres, era un experimentado aviador con años de trayectoria. Su esposa, en un mensaje publicado por la revista Semana, expresó: “Mi amor, me dejas un vacío inmenso. Gracias por tanto amor, por tu entrega, por tu pasión por volar. Te amaré siempre”. Sus palabras, cargadas de dolor y gratitud, recuerdan que detrás del uniforme había un hombre, un esposo, un ser querido.
Las autoridades trasladaron los cuerpos a Medicina Legal en Bogotá, donde se adelantan los procesos de identificación y análisis forense. La Fiscalía abrió una indagación para esclarecer las causas del accidente.
Este no es solo un accidente que enluta a la música popular. Es una tragedia que nos recuerda que cada vida cuenta. Que cada nombre merece ser dicho. Que cada historia merece ser contada.
Hoy, mientras el país despide a un ídolo, también es justo hacer memoria de quienes lo acompañaban. Porque ellos también soñaban. También tenían familia. También merecen ser visibilizados.








