Este 3 de mayo, miles de hogares santandereanos han mantenido viva la tradición de la Cruz de Mayo, una celebración que une a las familias en torno a la fe y la gratitud. En los hogares campesinos, donde la costumbre sigue intacta, la cruz es elaborada con ramas de mirto y adornada con flores de diversos colores, convirtiéndose en un símbolo de protección y bendición para el hogar durante todo el año.
Un legado de fe y gratitud
La festividad de la Santa Cruz forma parte del espíritu de la Pascua Florida, donde la alegría por la Resurrección del Señor se entrelaza con la belleza de la primavera y el cambio de estación. En Colombia, la tradición se expresa de diversas maneras: en algunos hogares, la cruz se elabora con laurel o cáscaras de mazorca y se adorna con flores naturales o de papel, además de granos, como una muestra de agradecimiento a Dios por los dones recibidos cada día. Esta cruz se coloca en un lugar visible de la casa, reafirmando su significado espiritual y cultural.
La devoción de los mil Jesús
Además de la elaboración de la cruz, los creyentes santandereanos practican la oración de los mil Jesús, una devoción en la que se invoca el nombre de Cristo mil veces con el propósito de alejar el mal de los hogares. Esta práctica, profundamente arraigada en la fe popular, refuerza el sentido de protección y bendición que la Cruz de Mayo representa para las familias.
A pesar de los cambios en la sociedad, la celebración de la Cruz de Mayo continúa con el mismo entusiasmo y devoción de siempre, demostrando que las tradiciones religiosas siguen siendo un pilar fundamental en la identidad cultural de Santander.








